
ALBERTO JODAR
Fotógrafo
Era la primera vez que iba a Urumqi. Una parte de china muy interesante y curiosa, más cercana al mundo Árabe de Kyrgyzstan y políticamente incorrecta para occidentales. Es más, estando allí estuve detenido por la policía al fotografiar en ciertas zonas políticamente incorrectas. Pasaron los días. Las vivencias al estar allí me hacían florecer sonrisas por las experiencias que estaba teniendo y las cosas que me habían pasado.
Eran las 11.50h. Tenía que salir del hotel y no podía quedarme más tiempo allí y aún me quedaban horas hasta coger mi tren así que cogí un taxi y le di la dirección de un cyber café. Llegamos, salí del coche con mis pertenencias para conectarme y al llegar me dijeron que era un lugar de masaje. ¿Habría entendido el taxista que quería un masaje? Me encontraba perdido sin saber como encontrar un cyber café así salí a la calle y le pregunté a un chico. Me dijo que sabía de un sitio para conectarme y le seguí cargado con las maletas entre callejones y estrechas calles. Entramos en un oscuro edificio poblado por pantallas de ordenador y personas que frente a ellas estaban muy atentas apretando teclados mientras gesticulaban por los micrófonos-auriculares.
Me dejó su tarjeta de socio para poder conectarme. Al verme navegar en esos teclados y sistemas operativos poblado por ideogramas decidió quedarse conmigo para explicarme como funcionaba. Le pregunté si podría comer allí. Me preguntó que me apetecía, le respondí y desapareció. Seguía de forma precaria navegando entre este sistema de ideogramas hasta que llegó con un par de bolsas de plástico y me dijo que dentro estaba la comida. Le quise pagar pero él no me dejó, así que devoré con gran intensidad la comida.
Cuando acabé aún me quedaba algo de tiempo y me propuso ir a su casa. Yo no lo tenía claro. ¿Ir a casa de un extraño que acabo de conocer? Él insistía que allí podría descansar así que, después de un rato, le dije que sí. Caminamos juntos, entramos en un portal lleno de mierda y me di cuenta de que estaba entrando en la boca del lobo, un lugar en el que estaría indefenso con mi cámara, mi ordenador y mi ropa. Seguí subiendo los escalones, escuchando los perros de sus vecinos entre los olores indescriptibles -pero nada agradables- y llegamos a la puerta de su casa donde estaba una señora con un hombre bebiendo cerveza. Al rato descubrí que era su madre y el novio.
Me llevó hasta su habitación y al entrar la cerró con el pestillo. Me ofreció whisky, pero le dije que no. De pronto me giré y vi una foto de él con una chica. Cuando me dijo que era su novia en mi rostro floreció una enorme sonrisa. Él se percató y empezamos a reír. Al rato le pregunté si podría hacerle una foto y me dijo que sí. Mientras se fumaba un cigarrillo le hice este retrato. Cuando pasó un rato me acompañó a coger un taxi para llevarme a la estación y coger mi tren.
Eran las 11.50h. Tenía que salir del hotel y no podía quedarme más tiempo allí y aún me quedaban horas hasta coger mi tren así que cogí un taxi y le di la dirección de un cyber café. Llegamos, salí del coche con mis pertenencias para conectarme y al llegar me dijeron que era un lugar de masaje. ¿Habría entendido el taxista que quería un masaje? Me encontraba perdido sin saber como encontrar un cyber café así salí a la calle y le pregunté a un chico. Me dijo que sabía de un sitio para conectarme y le seguí cargado con las maletas entre callejones y estrechas calles. Entramos en un oscuro edificio poblado por pantallas de ordenador y personas que frente a ellas estaban muy atentas apretando teclados mientras gesticulaban por los micrófonos-auriculares.
Me dejó su tarjeta de socio para poder conectarme. Al verme navegar en esos teclados y sistemas operativos poblado por ideogramas decidió quedarse conmigo para explicarme como funcionaba. Le pregunté si podría comer allí. Me preguntó que me apetecía, le respondí y desapareció. Seguía de forma precaria navegando entre este sistema de ideogramas hasta que llegó con un par de bolsas de plástico y me dijo que dentro estaba la comida. Le quise pagar pero él no me dejó, así que devoré con gran intensidad la comida.
Cuando acabé aún me quedaba algo de tiempo y me propuso ir a su casa. Yo no lo tenía claro. ¿Ir a casa de un extraño que acabo de conocer? Él insistía que allí podría descansar así que, después de un rato, le dije que sí. Caminamos juntos, entramos en un portal lleno de mierda y me di cuenta de que estaba entrando en la boca del lobo, un lugar en el que estaría indefenso con mi cámara, mi ordenador y mi ropa. Seguí subiendo los escalones, escuchando los perros de sus vecinos entre los olores indescriptibles -pero nada agradables- y llegamos a la puerta de su casa donde estaba una señora con un hombre bebiendo cerveza. Al rato descubrí que era su madre y el novio.
Me llevó hasta su habitación y al entrar la cerró con el pestillo. Me ofreció whisky, pero le dije que no. De pronto me giré y vi una foto de él con una chica. Cuando me dijo que era su novia en mi rostro floreció una enorme sonrisa. Él se percató y empezamos a reír. Al rato le pregunté si podría hacerle una foto y me dijo que sí. Mientras se fumaba un cigarrillo le hice este retrato. Cuando pasó un rato me acompañó a coger un taxi para llevarme a la estación y coger mi tren.









